Bajaba por Fuencarral hacia el metro de Gran Via. A la salida del vagon en Callao, un chico (de unos 25, aunque luego me dijo que tenia treinta y muchos; rapado, de ojos azules y sonrisa simpatica; con unos pantalones cortos rojos y un polo blanco, en playeras y cartera en mano) se paro y empezo a hablar conmigo. Sin darme cuenta, estabamos subiendo las escaleras mecanicas y cogiendo metro-Moncloa.

Yo estaba cortadisima.

Hablamos de compras, de viajes, de estudios, de piercings y de besos. Se reia de nuestra diferencia de edad, de mi seriedad, de que no tengo novio y de la buena anecdota que tenia para contar "aquel tio que intento ligar contigo a las 11 de la ma;ana, en el metro!". Nos despedimos con dos besos, a la salida del intercambiador de Moncloa.

Fue agradable, divertido y algo raro.