Los hombres de mi vida son pocos. Quiza podria empezar con el que intercambiaba comics de Mortadelo y Filemon o con el que ya hablaba de aviones en el recreo. Seguir con el que, una vez, me dio una flor porque jugabamos juntos en los columpios. Llegada la adolescencia y los sentimientos. Es entonces cuando sientes por primera vez esa agonia, ese revoloteo de mariposas en el estomago, sufrir enamorada. A veces ocurre, que el hombre en concreto, resulta ser un buen amigo, de los que te acompa;aran toda tu vida. Que comparte sus pinitos en el arte, el interes por la moda y puede que algun dia, su salida del armario. 


De pronto, sin darte cuenta, ves hombres por todos lados. Hombres que prometen las estrellas, que te invitan a verles jugar un partido de futbol, otros que te ignoran o que directamente, no saben que existes. Quiza ocurra, que se cruce en tu camino el hombre de tu vida, pero no te de tiempo a darte cuenta. Y hasta que vuelva a cruzarse te quedas esperando, y esperando y esperando. Evitando mientras tanto a todos los que se te acercan. Llengo al cine, a cenar, conocer a sus amigos, conversaciones en el coche. Descubre la cantidad de hombres que se creen poetas, que es un rollo de una noche, la vida nocturna, aprendes a coquetear y esperas hasta que vuelva a pasar ese torpe que, una vez, hizo que sonrieas como una tonta todas las ma;anas, al despertar.